Según el
Primer Censo Sindical adelantado en Colombia, por la Contraloría General de la
República en 1.947, podemos anotar que el Sindicato de Tipógrafos de Bogotá,
fue el primero en obtener el reconocimiento estatal, al recibir en 1.906 su
Personería Jurídica. Empieza desde entonces la era del registro oficial y el
reconocimiento legal por el Estado.
En 1.909 (31 de
agosto), es reconocido el Sindicato de Artesanos de Sonsón (Antioquia), de
Composición Gremial variopinta (sastres, zapateros, herreros, etc.). En 1.910,
se concede personería jurídica a cuatro sindicatos, entre otros a: La sociedad
de Artesanos de Cartagena, la Unión Nacional de Industrias de Cundinamarca y la
Sociedad de Artesanos “Gremios Unidos” de Cúcuta, cuyo primer presidente fue
Don Melitón Angulo Heredia.
En 1.913, se
reconoce un ensayo de Organización de Segundo Grado: La Unión Obrera de
Colombia, constituida en Bogotá, que agrupa a diversas entidades mutualistas y
organizaciones mixtas de obreros y patronos, que propendían la expedición de
Leyes proteccionistas. En 1.914, la Unión de Artesanos y Obreros de Medellín y
Círculo de Obreros de Popayán.
En 1.916 la Sociedad
de Obreros de Ipiales. En 1.917, el Sindicato Central Obrero, de Bogotá, que
convocó a varios congresos obreros nacionales en 1.919, 1.924 y 1.926. También
en 1.917, la Liga Obrera de Bucaramanga. En 1.918, la Unión Obrera en Ciénaga.
En 1.920, la Unión General de Braceros de Barranquilla (base del futuro
Sindicato Portuario) y el Centro Obrero de Armenia. En 1.926, Federación Obrera
Centro en Bogotá.
En los dos decenios
siguientes, recibieron Personería varios Sindicatos más, llegando a existir un
total de noventa y nueve, para finales de 1.930. Todo esto trajo consigo, la
realización de las primeras huelgas y la matriculación del Movimiento Obrero
Organizado en el Partido Socialista primero y luego, en el Comunista.
Recordemos en este
acápite, la lucha adelantada por la connotada líder sindical María Cano
Márquez, (1.887 – 1.967), en procura de fortalecer el Movimiento, no solo
afianzando su institucionalización, sino aunando a su labor, la acción política
sindical, enmarcada dentro de Partidos de Izquierda.
En unión de Raúl
Eduardo Mahecha e Ignacio Torres Giraldo, conformarían una importante trilogía
de dirigentes que desde el seno del Partido Socialista Revolucionario fundado
en 1926 con ocasión del Tercer Congreso Obrero Nacional, tendrían enorme
incidencia en el desarrollo de las principales huelgas acaecidas en los últimos
años del decenio de 1.920 – 1.930.
María Cano, fue la
primera mujer en constituir un fenómeno de masas que conmocionó a un país en
medio de una cultura tradicionalmente machista. Fue una luchadora de las
libertades individuales y públicas. Se movilizaba en carro, mula, tren,
navegaba por los ríos o en avión. Recorrió gran parte de los Departamentos de
Colombia.
En ocasiones fue detenida,
en otras obligada a caminar bajo vigilancia policiva, a veces fue recibida con
disparos de fusil a fin de dispersar la masa obrera que la esperaba. Hostigó a
los potentados de la época en busca de justicia social para sus seguidores, al
Gobierno por la represión que ejercía, confrontó y denunció a las compañías
norteamericanas dedicadas a la explotación frutal, petrolera y minera. Su labor
fue reconocida al ser proclamada “Flor del Trabajo”, el 1 ° de mayo de 1.925.
Finalmente queremos decir, que ojala, esta breve descripción de su perfil
biográfico, constituya un discreto homenaje a una mujer excepcional.
LA HUELGA DE LAS BANANERAS
Nos referimos a este
hecho trascendental, dentro del capítulo correspondiente al origen y formación
del sindicalismo en Colombia, por considerar que es el ejercicio del Derecho de
Huelga, el instrumento idóneo para que los trabajadores puedan concretizar sus
propósitos reivindicativos.
Las huelgas de
1.927, 1.928 y 1.929, consolidaron la existencia y la importancia del
Movimiento Sindical Colombiano. Mención aparte, merecen los hechos acaecidos en
la zona dedicada al cultivo de banano en el Departamento del Magdalena, en
noviembre y diciembre de 1.928. Esta protesta significó el acontecimiento
social y político que sacudió a los colombianos de la época y que trajo hondas
repercusiones sociales, al marcar una pauta histórica en la lucha de los
obreros agrarios.
Era Presidente de
Colombia el Dr. Miguel Abadía Méndez y su Ministro de Guerra el General Ignacio
Rengifo. La United Fruit Company, constituía para entonces un poderoso
monopolio del banano, de capital netamente extranjero, que ya había tenido
serios inconvenientes en otros países de América Latina, cuyas operaciones se
iniciaron en Colombia a finales del siglo XIX, pero que después de varias
fusiones había quedado como señora y dueña del cultivo de la fruta, al operar
en una vasta región del Departamento del Magdalena, entonces conocida como
“Zona Bananera” y cuyo epicentro económico estaba asentado en el Municipio de
Ciénaga.
A la 1:30 de la
tarde del 6 de diciembre un pelotón del Ejército entró en la Plaza, un oficial
leyó la declaración del Estado de Sitio y se le dieron cinco minutos a la
multitud para que se dispersara. La ruidosa multitud, parte de la cual no
alcanzó a oír la lectura del decreto, como era de esperar, no se movió. Después
de que pasó el tiempo concedido, el General Cortés Vargas ordenó a sus tropas
disparar contra la multitud y según su propia versión “13 personas indefensas y
pacíficas murieron y 19 quedaron heridas”, después de esto obviamente comenzó
el reino del terror. Los manifestantes asaltaron el comercio, quemaron y
saquearon el almacén de la Compañía y otras edificaciones fueron quemados y se
intentó aún incinerar vivos a los empleados norteamericanos y colombianos que
estaban resistiendo en la única casa que quedaba, al tiempo llegó el Ejercito y
en el enfrentamiento subsiguiente fallecieron 29 trabajadores más, incluyendo a
Erasmo Coronel, connotado líder, quien había sido el más activo de los
delegados en las negociaciones de los días precedentes.
El General, a
consecuencia de estos acontecimientos, en comunicado oficial afirmó que los
huelguistas eran una banda de malhechores y los persiguió como a ladrones
comunes. No ha sido fácil establecer el número real de víctimas de aquella
trágica tarde, producto de la ignominia padecida por los trabajadores durante
tantos años y de la irresponsable y extrema intolerancia con que actuó el
General Cortés Vargas, tal vez indebidamente presionado por sus superiores y el
Gobierno Nacional.
El Diario El
Espectador en su edición del 13 de diciembre de 1.928, en un cálculo que nos
parece serio, registraron las cifras de 100 muertos y 232 heridos. Aun así,
fueron encarcelados 54 participantes en la huelga, juzgados en Consejos de
Guerra verbales, de los cuales 31 fueron condenados a prisión. El trabajador
Alberto Castrillón, orientador de la revuelta, recibió 24 años y otros fueron
sentenciados a penas de 5 años o más(VALDERRAMA,
2004).
Referencias Bibliográficas
VALDERRAMA, F. H. (2004). EL SINDICALISMO EN COLOMBIA
IMPLICACIONES SOCIALES Y POLITICAS. Bogotá DC: PONTIFICIA UNIVERSIDAD
JAVERIANA. Obtenido de
http://www.javeriana.edu.co/biblos/tesis/derecho/dere6/DEFINITIVA/TESIS29.pdf






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